Lo esencial de Divididos
- Se formaron en 1988 en Hurlingham, provincia de Buenos Aires, cuando Ricardo Mollo y Diego Arnedo salieron de Sumo tras la muerte de Luca Prodan y decidieron seguir juntos
- Los apodan “La Aplanadora del Rock” por la potencia demoledora de su sonido en vivo, uno de los más contundentes que ha dado el rock en español
- Su marca registrada es la fusión del hard rock y el blues con el folclore argentino y latinoamericano —chacareras, huaynos, zambas— reinterpretado con distorsión y volumen
- La era de la boludez (1993) fue su consagración masiva y llegó al número uno de ventas en Argentina
- “Spaghetti del rock” fue elegida la mejor canción de la década por la revista Rolling Stone argentina
- En 2025 publicaron su noveno disco de estudio, homónimo, su primer material nuevo desde 2010, confirmando casi cuatro décadas de vigencia con la formación estable de Mollo, Arnedo y Catriel Ciavarella
Historia
La historia de Divididos empieza donde termina la de otra banda legendaria. A fines de los años ochenta, Ricardo Mollo (guitarra) y Diego Arnedo (bajo) eran parte de Sumo, el grupo liderado por el ítalo-británico Luca Prodan que había sacudido los cimientos del rock argentino. Cuando Prodan murió en diciembre de 1987, Sumo se disolvió y sus integrantes se repartieron en proyectos distintos. Mollo y Arnedo, que ya venían tocando juntos, decidieron no soltar la sociedad musical que habían construido. En 1988, en la localidad bonaerense de Hurlingham, sumaron al baterista Gustavo Collado y armaron un trío al que primero llamaron La División antes de bautizarlo definitivamente como Divididos. El debut oficial fue el 10 de junio de 1988, en el Rouge Pub del barrio de Flores, con algunos temas de Sumo y material propio recién horneado.
Desde el principio quedó claro que no querían repetir lo que ya habían hecho. Divididos apostó por un rock pesado, físico, con la guitarra de Mollo al frente y una sección rítmica de una densidad poco común. Con el paso de los discos fueron incorporando algo que terminaría por definirlos: el folclore. Chacareras, zambas y ritmos andinos empezaron a colarse entre los riffs distorsionados, no como adorno turístico sino como columna vertebral de muchas canciones. Esa mezcla, tan potente como inusual, les ganó el apodo con el que se los conoce en toda Latinoamérica: “La Aplanadora del Rock”.
Un rasgo curioso de su historia es la rotación de bateristas detrás del dúo inamovible de Mollo y Arnedo. Después de Collado (1988–1990) llegaron Federico Gil Solá (1990–1995) y Jorge Araujo (1995–2004), hasta que en 2004 se incorporó Catriel Ciavarella, que sigue siendo el baterista del grupo. Con La era de la boludez (1993), Divididos pasó de banda de culto a fenómeno masivo: el disco llegó al primer puesto de ventas y tuvo que reeditarse. A partir de ahí, durante tres décadas, se convirtieron en una de las bandas más respetadas y convocantes del rock en español, capaces de llenar estadios y de mantener intacta su reputación de tocar cada noche como si fuera la última.
Sonido y estilo
El corazón de Divididos es la guitarra de Ricardo Mollo. Pocos instrumentistas del rock en español han logrado un sonido tan reconocible: grueso, rugoso, cargado de sustain y de una expresividad casi vocal. Mollo toca con la lógica del blues pero con la fuerza del hard rock, y esa combinación le da a la banda una identidad instantánea. A su lado, el bajo de Diego Arnedo no se limita a acompañar: construye contramelodías, sostiene el peso enorme del sonido y dialoga con la guitarra como si fueran dos voces del mismo pensamiento. La batería —hoy en manos de Catriel Ciavarella— aporta el groove terrenal que sostiene el conjunto.
Pero lo que vuelve único a Divididos es la manera en que abrazan el folclore. En vez de tratar la música de raíz como un ejercicio de nostalgia, la enchufan a la corriente eléctrica. Una chacarera puede convertirse en un tema demoledor sin perder su cadencia original; un huayno andino puede sonar tan pesado como cualquier riff de rock. A esto se suman las letras de Mollo, célebres por su carácter críptico: juegos de palabras, imágenes surrealistas y frases que se resisten a una interpretación única, y que forman parte del disfrute de descifrar a la banda.
Divididos demostró que el folclore latinoamericano no era el pasado del rock, sino una de sus fronteras más potentes: bastaba con enchufarlo y subir el volumen.
Ese cruce entre la tradición y la distorsión los diferencia de casi todos sus contemporáneos. Mientras buena parte del rock de los noventa miraba hacia el norte —al grunge, al britpop—, Divididos miró hacia adentro, hacia la música de su propio continente, y la reinventó en clave eléctrica. El resultado es un sonido profundamente arraigado y a la vez universal, que funciona igual en un club underground que en un estadio repleto.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| 40 dibujos ahí en el piso | 1989 | Debut. El primer retrato de la nueva banda de Mollo y Arnedo. |
| Acariciando lo áspero | 1991 | Segundo disco. Consolida su rock pesado y su identidad de trío. |
| La era de la boludez | 1993 | Su consagración masiva. Llegó al número uno de ventas. Incluye “Qué ves?”, “Ala delta” y “El 38”. |
| Otroletravaladna | 1995 | Título que se lee al revés. Profundiza la fusión con el folclore. |
| Gol de mujer | 1998 | Madurez compositiva y peso sonoro sostenido. |
| Narigón del Siglo | 2000 | Incluye “Spaghetti del rock”, elegida mejor canción de la década por Rolling Stone. |
| Vengo del placard de otro | 2002 | Nuevo capítulo de su rock de raíz eléctrica. |
| Amapola del 66 | 2010 | Su último disco de estudio antes de un largo silencio discográfico. |
| Divididos | 2025 | Noveno álbum de estudio y primer material nuevo desde 2010. Grabado a lo largo de varios años en los estudios La Calandria. |
Legado e influencia
Casi cuatro décadas después de aquel debut en un pub de Flores, Divididos es una institución del rock en español. Su influencia se mide menos en imitadores directos —su sonido es demasiado personal para copiarse— y más en la lección que dejaron: que se puede ser una banda de rock feroz sin renunciar a las raíces musicales del propio continente. Abrieron un camino que muchos artistas latinoamericanos recorrieron después, el de tomar el folclore no como museo sino como materia viva para fusionar. Ricardo Mollo, además, es reconocido como uno de los grandes guitarristas que ha dado la región, un músico de músicos cuyo tono y cuyas manos son objeto de estudio para generaciones de guitarristas.
La continuidad del proyecto es otra parte esencial de su legado. Mollo y Arnedo llevan juntos desde los tiempos de Sumo, y esa sociedad de más de cuatro décadas es una rareza en un mundo donde las bandas se rompen por mucho menos. El disco homónimo de 2025 confirmó que no se trata de un grupo que vive de su pasado: siguen grabando, siguen girando por Argentina, Chile, Uruguay y España, y siguen ratificando el apodo que se ganaron a puro volumen.
En México, Divididos ocupa el lugar que suele tener el mejor rock argentino entre los conocedores: el de una banda de culto, respetada por los músicos y querida por quienes buscan algo más profundo que el rock de radio. El público mexicano, que tiene su propia y riquísima tradición de cruzar el rock con la música de raíz, encuentra en la fusión de Divididos un espejo y un desafío a la vez. Para el aficionado mexicano que se acerca por primera vez, la puerta de entrada casi siempre es la misma: “Spaghetti del rock”, ese tema en el que la guitarra de Mollo resume, en pocos minutos, por qué a este trío lo llaman La Aplanadora. A partir de ahí, el catálogo entero espera para revelar una de las propuestas más originales y sólidas que ha dado el rock hecho al sur del continente.
Por dónde empezar a escuchar
- Spaghetti del rock
- Ala delta
- El 38
- Qué ves?