Lo esencial de Kvelertak
- Nacida en Stavanger, Noruega, en 2007, Kvelertak es la banda que popularizó el término “black n roll”: una mezcla de black metal, hardcore punk y rock and roll clásico que suena tan brutal como festiva
- Su nombre significa “estrangulamiento” o “llave de estrangulamiento” en noruego, y casi todas sus canciones están cantadas en su lengua natal, algo poco común en el metal de exportación global
- El álbum debut homónimo (2010) fue grabado en Estados Unidos con el productor Kurt Ballou, de Converge, y llegó a disco de oro en Noruega con más de quince mil copias vendidas
- La portada de ese primer disco —el búho rodeado de ninfas— la firmó John Dyer Baizley, líder de Baroness, y se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del metal moderno
- En 2018 el vocalista fundador Erlend Hjelvik dejó la banda y fue reemplazado por Ivar Nikolaisen, que debutó en el disco Splid (2020)
- Con cinco álbumes de estudio y giras como teloneros de Metallica, Kvelertak es hoy uno de los nombres más influyentes del metal noruego del siglo XXI
Historia
Kvelertak se formó en Stavanger, la ciudad petrolera de la costa suroeste de Noruega, en 2007. Desde el principio la idea fue clara y a la vez contradictoria: hacer música pesada sin tomarse demasiado en serio la solemnidad del black metal. El sexteto original combinó el frío y la velocidad de la escena extrema noruega con la energía sudorosa del punk y con riffs abiertos que venían directamente del rock and roll de los setenta. El resultado no cabía en ninguna casilla, y esa fue justamente su carta de presentación.
El salto llegó con el álbum debut homónimo, Kvelertak, publicado el 21 de junio de 2010 a través de Indie Recordings. La banda lo grabó a principios de ese año en los GodCity Studios de Massachusetts, en Estados Unidos, con el productor Kurt Ballou —guitarrista de Converge y una de las figuras más respetadas del metal moderno—, y encargó la portada al artista John Dyer Baizley, líder de Baroness, cuyo búho rodeado de ninfas se volvió inseparable de la identidad visual del grupo. El disco fue certificado oro en Noruega por superar las quince mil copias, ganó dos premios Spellemann (los “Grammys noruegos”) y abrió las puertas a un contrato con Sony Music en Escandinavia y con Roadrunner Records para el resto del mundo. Pocas veces un debut de una banda tan difícil de etiquetar tuvo semejante recibimiento.
A partir de ahí, Kvelertak construyó una carrera sólida disco a disco. Meir (2013) volvió a GodCity con Kurt Ballou y confirmó la fórmula con himnos como “Bruane brenn”. Nattesferd (2016) giró hacia un sonido más luminoso y clásico. El cambio más importante llegó en 2018, cuando el vocalista y miembro fundador Erlend Hjelvik abandonó la banda. Su reemplazo fue Ivar Nikolaisen, una voz conocida de la escena noruega, que se estrenó como titular en Splid (2020), grabado una vez más con Ballou. En 2023 llegó Endling, el quinto álbum de estudio, que mantuvo a la banda plenamente activa y en plena forma.
Sonido y estilo
Lo que define a Kvelertak es la tensión entre dos mundos que, en teoría, no deberían convivir. Por un lado están las guitarras rápidas, los blast beats ocasionales y la atmósfera helada heredada del black metal noruego. Por otro, la actitud de fiesta del punk y la calidez melódica del hard rock de los setenta, con riffs que podrían firmar bandas de rock clásico y armonías de guitarra que invitan a corear en vez de a temer. A esa mezcla la prensa la bautizó como “black n roll”, y Kvelertak es, para muchos, su definición más pura.
El grupo se apoya en tres guitarras —una arquitectura poco habitual que le permite superponer capas de riffs, contrapuntos y armonías sin perder pegada— y en una sección rítmica que empuja igual de bien un pasaje de velocidad extrema que un medio tiempo bailable. La voz, tanto en la etapa de Erlend Hjelvik como en la de Ivar Nikolaisen, apuesta por un rasgado agudo y agresivo más cercano al punk y al black metal que al gruñido gutural del death metal, lo que mantiene siempre presente la energía de himno por encima de la oscuridad.
Kvelertak demostró que se puede tener un pie en el frío del black metal noruego y el otro en la pista de baile del rock and roll, sin pedir permiso ni disculpas a ninguno de los dos.
Otra decisión estilística clave, y poco común en una banda con ambiciones internacionales, es cantar casi siempre en noruego. Lejos de ser una barrera, ese idioma se volvió parte del encanto: refuerza la identidad nórdica del grupo y convierte a las canciones en objetos sonoros que se disfrutan por su musicalidad y su fuerza rítmica antes que por el significado literal de la letra. Es una jugada que emparenta a Kvelertak con otras bandas que triunfaron cantando en su propia lengua, y que en su caso se siente completamente natural.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| Kvelertak | 2010 | Debut. Grabado en GodCity con Kurt Ballou, portada de John Dyer Baizley. Certificado oro en Noruega y dos premios Spellemann. Incluye “Mjød” y “Blodtørst”. |
| Meir | 2013 | Segundo álbum, de nuevo con Kurt Ballou en GodCity. Su sencillo “Bruane brenn” se volvió un clásico del repertorio en vivo. |
| Nattesferd | 2016 | Tercer disco, con un giro hacia un sonido más clásico y luminoso dentro del hard rock. |
| Splid | 2020 | Cuarto álbum y debut de Ivar Nikolaisen como vocalista. Producido por Kurt Ballou; el título significa “discordia” en noruego. |
| Endling | 2023 | Quinto álbum de estudio, publicado el 8 de septiembre. Confirmó a la banda plenamente activa y vigente. |
Legado e influencia
En apenas tres lustros, Kvelertak pasó de ser una rareza difícil de clasificar a convertirse en una referencia obligada del metal noruego contemporáneo. Su gran aportación fue demostrar que la pesadez y la diversión no están reñidas: que se puede hacer música extrema con la seriedad técnica del black metal y, al mismo tiempo, con la alegría contagiosa de una banda de rock and roll de bar. Esa síntesis abrió una puerta por la que después pasaron decenas de grupos que buscaban escapar de la solemnidad del género sin renunciar a la potencia.
Su prestigio se reforzó fuera del estudio. Kvelertak fue elegida por Metallica para abrir varias fechas europeas de su gira WorldWired entre 2017 y 2018, un espaldarazo enorme para una banda que canta en noruego y que nunca disimuló sus raíces underground. Compartir escenario con la banda de metal más grande del planeta llevó su nombre a públicos que difícilmente los habrían descubierto de otra forma, y confirmó que el “black n roll” tenía músculo para funcionar en estadios.
En México y en el resto de Latinoamérica, donde el metal extremo y el underground tienen una de las aficiones más apasionadas y fieles del mundo, Kvelertak encontró un terreno naturalmente receptivo. El público de la región ya estaba acostumbrado a amar bandas que cantan en idiomas distintos al inglés —del alemán al propio noruego de la escena nórdica—, así que la barrera del idioma nunca fue un problema: al contrario, el aura escandinava sumó misterio. En la era del streaming y de festivales de peso como los que se celebran en la Ciudad de México, nombres como el de Kvelertak circulan entre coleccionistas de vinilos, seguidores del black metal y aficionados al rock duro por igual, precisamente porque su fórmula reúne bajo un mismo techo a tribus que rara vez comparten cartel. Ese es, quizá, su legado más duradero: haber construido un sonido tan personal que sirve de punto de encuentro entre el que llega desde el punk, el que llega desde el rock clásico y el que llega desde el metal más frío del norte.
Con cinco discos, una identidad visual inconfundible y una energía en vivo legendaria, Kvelertak sigue siendo la prueba de que el metal noruego del siglo XXI no se agota en el hielo y la oscuridad: también sabe brindar, gritar y celebrar. El búho, mientras tanto, sigue vigilando desde la portada.
Por dónde empezar a escuchar
- Mjød
- Bruane brenn
- 1985
- Blodtørst