Lo esencial de Los Jaivas
- Los Jaivas se formó en 1963 en Viña del Mar, cuando un grupo de compañeros de colegio empezó a tocar bajo el nombre “The High and Bass”; castellanizaron ese nombre a “Los Jaivas” hacia 1970
- El núcleo fundador fueron los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, junto con Eduardo “Gato” Alquinta en voz y guitarra y Mario Mutis en el bajo
- Su obra cumbre es Alturas de Macchu Picchu (1981), un álbum que musicaliza el poema homónimo de Pablo Neruda y figura entre los discos más importantes de la historia del rock latinoamericano
- Fusionaron el rock progresivo con instrumentos ancestrales andinos —charango, zampoña, trutruca, tarka— para crear un sonido continental que nunca sonó a copia de nadie
- La banda sobrevivió al exilio de la dictadura y a la muerte de dos de sus pilares: Gabriel Parra en 1988 y el “Gato” Alquinta en 2003
- Más de seis décadas después siguen activos, hoy con Claudio Parra, Mario Mutis y Juanita Parra —hija de Gabriel— entre sus figuras centrales
Historia
Para entender a Los Jaivas hay que viajar hasta Viña del Mar en 1963, cuando un puñado de compañeros del Liceo Guillermo Rivera Cotapos empezó a juntarse a tocar. Al frente estaban los hermanos Parra —Eduardo, Claudio y Gabriel—, y pronto se sumaron Eduardo “Gato” Alquinta en la voz y la guitarra, y Mario Mutis en el bajo. El primer nombre del grupo fue “The High and Bass”, un guiño a la instrumentación, pero con el tiempo lo fueron deformando y castellanizando hasta llegar a “Los Jaivas”, con el que se presentaron por primera vez a comienzos de los años setenta. Aquellos primeros años fueron de pura experimentación: largas improvisaciones, mezcla de rock con música ancestral sudamericana y una libertad creativa que ya anunciaba que esto no iba a ser una banda más.
El salto a la masividad llegó en 1972 con el disco conocido como Todos Juntos (editado oficialmente como La Ventana), que traía dos canciones que se volverían himnos: “Todos Juntos” y “Mira Niñita”. De pronto, Los Jaivas dejaron de ser un secreto y pasaron a ser la voz de toda una generación. Pero el golpe de Estado de 1973 partió en dos la historia del grupo, igual que la de Chile entero. La banda tomó el camino del exilio: primero a Argentina y después a Francia. Lejos de apagarlos, el destierro los hizo madurar. Fue en el exilio donde forjaron su obra maestra, Alturas de Macchu Picchu (1981), grabada poniéndole música a los versos que Pablo Neruda había escrito sobre la ciudadela inca. Ese disco los consagró para siempre y hoy es considerado una piedra angular del rock hecho en América Latina.
El regreso a Chile y las décadas siguientes también trajeron pérdidas que habrían quebrado a cualquier otra banda. En 1988, Gabriel Parra, el baterista fundador, murió en un accidente automovilístico en Perú; su hija Juanita tomó las baquetas y con el tiempo se convirtió en una de las líderes del grupo. En enero de 2003, el “Gato” Alquinta —la voz y el rostro más reconocible de Los Jaivas— falleció de un infarto mientras nadaba en el mar de Coquimbo. Poco después, Eduardo Parra, el tecladista y letrista mayor de los hermanos, se retiró de la banda en 2009 para vivir tranquilo lejos de los escenarios. Y sin embargo, contra todo pronóstico, Los Jaivas nunca se detuvieron: siguen tocando, girando y transmitiendo su música a nuevas generaciones.
Sonido y estilo
Lo que hace único a Los Jaivas es que nunca imitaron al rock anglosajón: lo tomaron como punto de partida y desde ahí miraron hacia adentro, hacia la propia tierra. Sobre la base del rock progresivo —esas estructuras largas, cambiantes, casi sinfónicas— dejaron entrar de lleno la música ancestral de los Andes. El charango, la zampoña, la trutruca mapuche, la tarka y toda una batería de instrumentos precolombinos convivían con teclados, guitarra eléctrica y batería sin que ninguno pisara al otro. No era folclore disfrazado de rock ni rock adornado con flautitas: era una fusión genuina, una manera nueva de sonar que solo podía haber nacido en este continente.
La voz del “Gato” Alquinta, cálida y telúrica, funcionaba como el hilo conductor de esas travesías sonoras, mientras el piano de Claudio Parra y las atmósferas de Eduardo Parra le daban al conjunto un aire ceremonial, casi de rito. Las letras hablaban de la cordillera, de los pueblos originarios, del amor a la tierra y de una identidad latinoamericana que trascendía las fronteras nacionales. Escuchar un disco de Los Jaivas es entrar en un paisaje: hay viento de altura, hay piedra, hay una espiritualidad que no necesita explicarse con palabras porque está en la música misma.
Los Jaivas hicieron lo que casi nadie se atrevió: agarrar el rock progresivo y plantarlo en la cordillera de los Andes. Por eso su música no suena a préstamo de nada; suena a continente propio, a tierra que canta.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| El Volantín | 1971 | Uno de sus primeros trabajos de estudio, todavía en clave experimental |
| Todos Juntos (La Ventana) | 1972 | Su salto a la masividad; incluye los himnos “Todos Juntos” y “Mira Niñita” |
| Los Jaivas (El Indio) | 1975 | Grabado ya en el exilio; consolida la fusión andina |
| Canción del Sur | 1977 | Etapa europea del grupo, entre Argentina y Francia |
| Alturas de Macchu Picchu | 1981 | Su obra cumbre; musicaliza el poema de Pablo Neruda |
| Aconcagua | 1982 | Continúa la senda progresiva y telúrica de su etapa clásica |
Más allá de estos discos, Los Jaivas construyeron una obra vastísima a lo largo de más de seis décadas, con álbumes en directo, colaboraciones y registros que documentan una carrera prácticamente sin paralelo en la música chilena y latinoamericana.
Legado e influencia
Los Jaivas son, sencillamente, una de las bandas más importantes en la historia de la música latinoamericana. Su gesto fundacional —tomar el rock y ponerlo al servicio de una identidad continental, con los instrumentos y las raíces de los pueblos andinos— abrió un camino que después recorrieron muchos otros. Antes de ellos, casi nadie había imaginado que se podía hacer rock de vanguardia sin renunciar a la trutruca ni a la zampoña. Para varias generaciones de músicos del Cono Sur y de toda Hispanoamérica, Los Jaivas demostraron que se podía sonar moderno y ancestral al mismo tiempo, universal y profundamente propio.
En México, ese mensaje encontró un eco natural. La obra maestra de la banda, Alturas de Macchu Picchu, nace de un poema de Neruda que celebra a toda América como un solo cuerpo, una sola historia enterrada en la piedra; y esa mirada continental resuena hondo en un público mexicano que comparte esa misma identidad latinoamericana, ese mismo orgullo por las culturas originarias y por un pasado precolombino que sigue vivo. México, con su propia y riquísima tradición de fusión entre lo ancestral y lo contemporáneo, siempre ha sabido reconocer en Los Jaivas a hermanos de camino: músicos que hicieron con los Andes lo que tantos artistas mexicanos hicieron con sus propias raíces. Por eso su música circula acá con respeto de culto, citada como referencia obligada cada vez que se habla de rock progresivo en español o de la gran fusión latinoamericana.
Hoy, con Claudio Parra, Mario Mutis y Juanita Parra sosteniendo el legado, Los Jaivas siguen sobre los escenarios, fieles a una idea que tuvieron desde aquel 1963 en Viña del Mar: que la música podía ser un puente entre el rock del mundo y el alma de este continente. Seis décadas después, ese puente sigue en pie, y cada vez que suena “Todos Juntos” o “Sube a Nacer Conmigo a la Vida”, queda claro que su obra ya no le pertenece solo a Chile: es patrimonio de toda América Latina, México incluido.
Por dónde empezar a escuchar
- Todos Juntos
- Mira Niñita
- Sube a Nacer Conmigo a la Vida
- La Poderosa Muerte