Lo esencial de Myrkur
- Myrkur es el proyecto de una sola mujer fundado en Copenhague en 2014 por la danesa Amalie Bruun, quien firmó con Relapse Records y tocó ella misma casi todos los instrumentos de sus primeras grabaciones
- El nombre “Myrkur” significa “oscuridad” en islandés y feroés: una declaración de intenciones sobre la atmósfera que persigue su música
- El EP homónimo de debut (2014) apareció bajo anonimato; la identidad de Bruun —también actriz y modelo— se reveló poco después y desató una fuerte reacción de los sectores más puristas del black metal
- El álbum M (2015), producido por Kristoffer Rygg de Ulver, la consagró ante la crítica y contó con músicos de la escena noruega como Teloch (Mayhem) a la guitarra
- Con Folkesange (2020) abandonó por completo el metal para entregarse al folk nórdico tradicional, con nyckelharpa, lira y canciones en danés y sueco
- Spine (2023), escrito tras la maternidad, la reafirma como una de las voces más personales del metal escandinavo contemporáneo
Historia
En 2014, una música danesa que hasta entonces se movía en circuitos muy distintos decidió firmar con Relapse Records —uno de los sellos más respetados del metal extremo— y lanzar un proyecto llamado Myrkur, palabra que en islandés y feroés significa “oscuridad”. El 16 de septiembre de ese año apareció un EP homónimo en el que una sola persona ponía la voz, tocaba todas las guitarras y el bajo y se encargaba de la producción. La propuesta era clara: black metal atmosférico atravesado por melodías corales de raíz nórdica, algo que sonaba a la vez brutal y luminoso. Al principio, la identidad de quien estaba detrás se mantuvo en secreto, y ese misterio fue parte del atractivo inicial.
Pronto se supo que Myrkur era Amalie Bruun (nacida el 6 de enero de 1985), una artista danesa que además de música era actriz y modelo. La revelación desató una tormenta. Buena parte del ala más purista y cerrada del black metal —un género históricamente marcado por el gatekeeping— reaccionó con hostilidad ante la idea de que una mujer con pasado en el pop y en la moda entrara a su territorio. Bruun ha hablado abiertamente del acoso y las descalificaciones que recibió en esos años. Lejos de frenarla, la resistencia coincidió con su ascenso: en agosto de 2015 publicó su primer álbum largo, M, producido por Kristoffer Rygg (Ulver) y con la participación de Teloch (Mayhem, Nidingr) a la guitarra y Øyvind Myrvoll (Nidingr, Dødheimsgard) a la batería. El disco fue recibido con elogios generalizados y dejó claro que Myrkur no era un experimento pasajero, sino una voz con visión propia.
A partir de ahí, la trayectoria de Bruun ha sido la de una artista que se niega a repetirse. Mareridt —“pesadilla” en danés— llegó en 2017, más oscuro, más experimental y con mayor peso del folk; en él colaboró la cantautora estadounidense Chelsea Wolfe. En 2020, con Folkesange (“canciones populares”), dio un giro radical: dejó atrás casi por completo el metal para grabar un álbum de folk nórdico puro, con instrumentos tradicionales como la nyckelharpa y la lira, y canciones en danés y sueco. Tres años después, Spine (2023) la mostró de vuelta a un sonido más eléctrico y ambicioso, escrito durante uno de los periodos más difíciles de su vida y marcado por la experiencia de la maternidad.
Sonido y estilo
Lo que distingue a Myrkur no es una fórmula, sino una tensión. La voz de Amalie Bruun puede pasar del grito desgarrado del black metal a un canto limpio, angelical, de resonancias litúrgicas y populares. Sobre esa dualidad se construye todo lo demás: guitarras de tremolo cargadas de reverberación, blast beats, capas de teclados que evocan paisajes helados y, cada vez más, instrumentación acústica de raíz escandinava. Bruun es una multiinstrumentista poco común —además de cantar, toca guitarra, bajo, teclados, piano, violín, nyckelharpa y percusión—, y eso le permite componer mundos sonoros completos desde una sola cabeza.
Myrkur no elige entre la oscuridad y la luz: las hace convivir en la misma canción, como el sol de medianoche que ilumina un bosque sin borrar del todo las sombras.
El folclore nórdico no es un adorno en su música, sino un cimiento. Las melodías corales, las estructuras de las baladas tradicionales y las letras en lenguas escandinavas conectan su obra con una tradición que precede al metal en siglos. Esa raíz explica por qué Myrkur puede grabar un disco de black metal atmosférico como M y, cinco años después, un álbum de folk acústico como Folkesange sin que se sienta una traición: ambos beben de la misma fuente. La crítica ha etiquetado su música como black metal atmosférico, blackgaze, folk metal y gothic metal, pero ninguna etiqueta la contiene por completo, y esa resistencia a la clasificación es parte de su identidad.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| Myrkur (EP) | 2014 | Debut homónimo bajo anonimato. Bruun a la voz, guitarras, bajo y producción. Relapse Records. |
| M | 2015 | Primer álbum largo. Producido por Kristoffer Rygg (Ulver), con Teloch y Øyvind Myrvoll. Aclamado por la crítica. Incluye “Onde Børn”. |
| Mareridt | 2017 | “Pesadilla” en danés. Más oscuro y folk. Colaboración con Chelsea Wolfe. Incluye “Ulvinde” y “Måneblôt”. |
| Juniper (EP) | 2018 | EP que profundiza en la faceta más melódica y atmosférica del proyecto. |
| Folkesange | 2020 | Giro total al folk nórdico acústico, sin metal. Nyckelharpa, lira, canciones en danés y sueco. Incluye “Ella”. |
| Spine | 2023 | Regreso a un sonido más eléctrico, escrito tras la maternidad. Sencillo principal “Mothlike”. Relapse Records. |
Legado e influencia
En poco más de una década, Myrkur pasó de ser un nombre anónimo y polémico a convertirse en una de las figuras más reconocibles del cruce entre metal extremo y música tradicional. Su importancia va más allá de la música: al sostener su proyecto frente a una ola de hostilidad, Amalie Bruun abrió camino en una escena que durante décadas fue especialmente cerrada con las mujeres. Hoy, junto a proyectos como Alcest, Wolves in the Throne Room o Chelsea Wolfe, forma parte de una corriente que ha ensanchado los límites de lo que puede ser el metal atmosférico, demostrando que la fragilidad y la belleza pueden ser tan intensas como el ruido.
Su influencia se nota también en la manera de habitar el género. Bruun nunca se plegó a las expectativas: cuando el mundo esperaba otro disco de black metal, entregó un álbum de folk acústico; cuando parecía instalada en lo tradicional, volvió con sintetizadores y producción moderna. Esa libertad, ejercida desde un sello de metal extremo y sin perder credibilidad, es en sí misma un legado: la prueba de que se puede pertenecer a la escena sin someterse a sus dogmas.
En México y Latinoamérica, donde el black metal atmosférico y el folk metal han cultivado durante años una afición pequeña pero devota, Myrkur ha encontrado un público que conecta con esa mezcla de dureza y misticismo. La región tiene una relación profunda con la idea de raíces, identidad y memoria en la música, y el hecho de que Bruun cante en lenguas nórdicas y recupere melodías tradicionales resuena entre oyentes que valoran precisamente ese anclaje cultural. En foros, tiendas de discos y comunidades del metal underground mexicano, su nombre circula junto al de otros referentes del atmospheric black metal como puerta de entrada para quienes buscan algo más introspectivo y menos ortodoxo dentro del género. Que una propuesta tan singular y tan ligada al frío escandinavo encuentre eco bajo otro sol es la mejor señal de que Myrkur habla un idioma que, más allá del danés, se entiende en cualquier parte donde alguien busque belleza en la oscuridad.
Por dónde empezar a escuchar
- Ulvinde
- Måneblôt
- Onde Børn
- Ella