Lo esencial de Septicflesh
- Fundados en Atenas en 1990, son pioneros del death metal sinfónico: metal extremo tejido con orquesta y coro reales, no con teclados que los imiten
- El cerebro orquestal es Christos Antoniou, guitarrista formado en composición orquestal, que escribe partituras completas como parte medular de cada canción
- Tras separarse en 2003, regresaron en 2007 y publicaron Communion (2008), el disco que redefinió su sonido y los volvió referencia mundial del subgénero
- The Great Mass (2011) está considerado una de las cumbres del death metal sinfónico y confirmó su fórmula de orquesta y coro sinfónicos reales
- Spiros Antoniou, su bajista y vocalista, es además un célebre artista gráfico (como Seth Siro Anton) que ha diseñado portadas para decenas de bandas de metal
- En septiembre de 2024 se convirtieron en la primera banda de metal en tocar en el Odeón de Herodes Ático de Atenas, con orquesta y coro completos
Historia
Septicflesh nacieron en Atenas en marzo de 1990, de la mano de tres músicos que todavía hoy sostienen el corazón de la banda: el bajista y vocalista Spiros Antoniou, el guitarrista líder Christos Antoniou y el guitarrista rítmico Sotiris Vayenas. Un año después publicaron su primer EP, Temple of the Lost Race (1991), y en 1994 llegó su debut de larga duración, Mystic Places of Dawn, coproducido por Magus Wampyr Daoloth, figura clave de la escena griega del metal extremo. Aquellos primeros discos no eran todavía sinfónicos: se movían en el territorio del death-doom atmosférico, lento y denso, con una identidad melancólica que ya los distinguía del resto de la escena europea.
A lo largo de los años noventa, la banda —que entonces firmaba como Septic Flesh, en dos palabras— fue depurando su sonido a través de discos como Esoptron (1995), The Ophidian Wheel (1997) y A Fallen Temple (1998). Con Revolution DNA (1999) coquetearon con una faceta más experimental y accesible que dividió a sus seguidores, y con Sumerian Daemons (2003) volvieron a la brutalidad más directa. Pero justo después de ese disco, en 2003, la banda se disolvió. Parecía el final de una historia respetada aunque relativamente de culto.
No lo fue. En 2007 los hermanos Antoniou y Sotiris Vayenas reactivaron el proyecto y, en 2008, publicaron Communion, grabado en los Studio Fredman de Suecia. Fue un renacimiento en toda regla: la banda se rebautizó como Septicflesh —en una sola palabra— y abrazó por completo la fusión de metal extremo con orquesta y coro sinfónicos reales que se convertiría en su marca de fábrica. A partir de ahí, cada disco elevó la apuesta: The Great Mass (2011), Titan (2014), Codex Omega (2017) y Modern Primitive (2022) los consolidaron como una de las bandas griegas más importantes y reconocibles del metal moderno.
Sonido y estilo
Lo que hace única a Septicflesh no es que usen orquesta —muchas bandas de metal lo hacen— sino cómo la usan. Aquí la orquesta no es un adorno de fondo ni un colchón de cuerdas sampleadas: es un instrumento coprotagonista, escrito con la disciplina de la música clásica. El responsable es Christos Antoniou, formado en composición orquestal, que compone las partituras sinfónicas al mismo tiempo que los riffs de guitarra, de modo que ambos mundos crecen entrelazados desde el primer boceto. El resultado es una música que suena a banda sonora épica y a death metal aplastante en la misma frase.
Sobre ese andamiaje monumental se despliegan dos voces complementarias. Spiros Antoniou entrega gruñidos guturales cavernosos que anclan la brutalidad del conjunto, mientras Sotiris Vayenas aporta voces limpias y espectrales que abren ventanas de melodía y solemnidad. Encima, los coros sinfónicos añaden una dimensión casi litúrgica. Temáticamente, Septicflesh se mueven entre la mitología egipcia y mesopotámica, el ocultismo, lo sagrado y lo profano: canciones como “Anubis” o “Pyramid God” convierten a deidades antiguas en himnos capaces de llenar un anfiteatro.
Septicflesh no le pusieron una orquesta al death metal: escribieron death metal y música orquestal como si fueran una sola lengua, y esa fusión los volvió irrepetibles.
Esa ambición sonora tiene un correlato visual igual de cuidado. Spiros Antoniou es, además de músico, un artista gráfico reconocido bajo el nombre de Seth Siro Anton, y ha diseñado portadas para numerosas bandas del metal internacional. En Septicflesh, música e imagen forman un mismo universo estético: oscuro, ceremonial y grandilocuente, donde cada disco se siente como la puesta en escena de un ritual antiguo.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| Mystic Places of Dawn | 1994 | Debut de death-doom atmosférico. Coproducido por Magus Wampyr Daoloth. |
| Esoptron | 1995 | Sonido más elaborado y melódico dentro de su etapa doom temprana. |
| The Ophidian Wheel | 1997 | Incorpora voces femeninas y arreglos más ambiciosos. |
| A Fallen Temple | 1998 | Regraba material temprano y amplía su identidad atmosférica. |
| Revolution DNA | 1999 | Giro experimental y más accesible que dividió a sus seguidores. |
| Sumerian Daemons | 2003 | Vuelta a la agresividad directa. Último disco antes de la separación. |
| Communion | 2008 | Renacimiento tras el regreso de 2007. Estrena su fórmula sinfónica. “The Vampire from Nazareth”. |
| The Great Mass | 2011 | Considerado una cumbre del death metal sinfónico. “Anubis”. |
| Titan | 2014 | Producción colosal y coros grandilocuentes. “Pyramid God”. Krimh se une a la batería. |
| Codex Omega | 2017 | Su décimo álbum de estudio. “Portrait of a Headless Man”. |
| Modern Primitive | 2022 | Undécimo disco. Reafirma su identidad orquestal y ceremonial. |
Legado e influencia
Septicflesh son, junto a Rotting Christ, uno de los grandes estandartes del metal griego en el mundo, y probablemente el nombre más asociado al death metal sinfónico como subgénero. Su insistencia en usar orquesta y coro reales elevó el listón para toda una generación de bandas que querían combinar metal extremo con música clásica sin caer en el atajo de los teclados. La coronación llegó en septiembre de 2024, cuando se convirtieron en la primera banda de metal en actuar en el Odeón de Herodes Ático, el histórico teatro romano al pie de la Acrópolis de Atenas, acompañados por una orquesta y un coro completos: un reconocimiento simbólico de que su música pertenece, con todo derecho, a la tradición monumental de su país.
Buena parte de su influencia también se explica por el talento múltiple de sus integrantes. Christos Antoniou demostró que un guitarrista de metal puede escribir partituras orquestales serias, y Spiros Antoniou, como diseñador gráfico, ayudó a definir la estética visual de incontables discos de metal más allá de su propia banda. La llegada del austríaco Kerim “Krimh” Lechner a la batería en 2014 —tras su paso por bandas como Behemoth— añadió una precisión demoledora que empujó aún más lejos su sonido en vivo.
En México y América Latina, donde el metal extremo cuenta con algunas de las audiencias más apasionadas y leales del planeta, Septicflesh encontraron un público que conecta de forma natural con su grandilocuencia ritual y su carga mitológica. La combinación de brutalidad y solemnidad orquestal encaja con una escena que valora tanto la intensidad como la teatralidad, y sus visitas a la región suelen recibirse como acontecimientos. Para muchos seguidores latinoamericanos, descubrir “Anubis” o “The Vampire from Nazareth” fue la puerta de entrada a un metal que se atreve a sonar tan monumental como los templos y las civilizaciones antiguas que inspiran sus letras. Más de tres décadas después de aquel primer EP en Atenas, Septicflesh siguen construyendo, disco a disco, su propia catedral sonora.
Por dónde empezar a escuchar
- The Vampire from Nazareth
- Anubis
- Pyramid God
- Portrait of a Headless Man