Lo esencial de Turisas
- Nacieron en 1997 en Hämeenlinna, Finlandia, fundados por Mathias Nygård y Jussi Wickström, y tomaron su nombre de Turisas, un antiguo dios de la guerra del folclore finés
- Con su álbum debut Battle Metal (2004) no solo se presentaron al mundo: acuñaron el término que definiría su propio subgénero, el battle metal
- Cambiaron el solo de guitarra tradicional por el violín eléctrico de Olli Vänskä, una de las señas de identidad más reconocibles del folk metal europeo
- The Varangian Way (2007) es un álbum conceptual sobre el viaje de un joven nórdico río abajo hasta Constantinopla para unirse a la Guardia Varega, y contiene su versión de “Rasputin”, que se volvió un himno inesperado
- Su imagen escénica —pintura de guerra roja y negra, atuendos de batalla, coros marciales— convirtió cada concierto en una representación épica
- Publicaron cuatro álbumes de estudio entre 2004 y 2013 y, tras reeditar en vinilo sus primeros discos en 2022, entraron en una pausa indefinida sin anunciar oficialmente su separación
Historia
La historia de Turisas empieza en 1997, en Hämeenlinna, una ciudad del sur de Finlandia enclavada en la región histórica de Häme. Ahí, el vocalista y multiinstrumentista Mathias Nygård y el guitarrista Jussi Wickström pusieron en marcha un proyecto con una ambición fuera de lo común: no querían sonar como otra banda de death o de power metal, querían construir un mundo entero. Le pusieron el nombre de Turisas, una deidad guerrera mencionada en el folclore finés antiguo —el obispo Mikael Agricola ya la había registrado en el siglo XVI dentro de la lista de dioses paganos de Häme—. Nombrar a la banda como el dios de la guerra de su propia tierra no fue un capricho: definía de entrada su temática y su tono épico.
Durante los primeros años, Turisas trabajaron a fuego lento, publicando el EP The Heart of Turisas (2001) y afinando una fórmula que mezclaba metal, melodías folclóricas, orquestaciones y coros de tropa. El punto de inflexión llegó en 2003, cuando firmaron con Century Media Records, uno de los grandes sellos del metal europeo. Un año después salió Battle Metal (2004), su álbum debut. El título no era una descripción cualquiera: la banda literalmente inventó el término “battle metal” para nombrar lo que hacía, y la prensa especializada lo adoptó. Riffs marciales, teclados sinfónicos, violín eléctrico y la voz áspera de Nygård gritando historias de guerreros construyeron desde el primer disco una identidad imposible de confundir.
El verdadero salto internacional llegó con The Varangian Way (2007), un álbum conceptual que narra el viaje de un joven escandinavo que baja por los ríos de Europa del Este hasta Miklagard —el nombre nórdico de Constantinopla— para enrolarse en la legendaria Guardia Varega del Imperio bizantino. Canciones como “To Holmgard and Beyond” y la orquestal “Miklagard Overture” mostraron a una banda madura y cinematográfica. Y entonces ocurrió lo inesperado: su versión metal de “Rasputin”, el clásico disco de Boney M., se convirtió en un éxito de culto que hoy sigue siendo uno de los momentos más coreados de sus conciertos. En 2011 llegó Stand Up and Fight, su disco más grandioso y sinfónico, y en 2013 Turisas2013, un álbum más experimental y directo. Tras reeditar en vinilo sus primeros trabajos en 2022, la banda enmudeció: sin gira, sin anuncios, en una pausa que nadie ha cerrado con un comunicado formal.
Sonido y estilo
Si tuvieras que resumir el sonido de Turisas en una sola imagen, sería la de un ejército marchando hacia la batalla con una orquesta al frente. La banda parte de una base de metal robusto —guitarras de Jussi Wickström, doble bombo, la voz gutural y a la vez teatral de Mathias Nygård— y la envuelve en capas de teclados sinfónicos, acordeón, coros corales y, sobre todo, el violín eléctrico de Olli Vänskä. Ese violín es la firma sonora del grupo: donde otras bandas colocarían un solo de guitarra, Turisas suelta a Vänskä a improvisar melodías folclóricas que suenan a danza de taberna nórdica y a fanfarria de guerra al mismo tiempo.
Turisas no escriben canciones, montan campañas militares: cada tema es una escena con su avance, su carga y su estruendo final.
Lo que distingue a Turisas dentro del folk metal es su vocación narrativa y sinfónica. No son una banda de tabernas y cuernos de hidromiel sin más —aunque tienen ese lado festivo—, sino compositores que piensan en términos de álbumes enteros como relatos. The Varangian Way y Stand Up and Fight funcionan casi como bandas sonoras de películas que no existen: hay obertura, hay clímax, hay descanso y hay batalla final. Nygård, que además de cantar toca teclados y percusión y firma casi toda la composición, es el arquitecto de ese mundo. Y la puesta en escena lo completa: la pintura de guerra roja y negra que la banda lleva en el rostro no es maquillaje decorativo, es parte del personaje colectivo que Turisas construyó a lo largo de su carrera.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| Battle Metal | 2004 | Debut en Century Media. La banda acuña el término “battle metal” para su propio estilo. |
| The Varangian Way | 2007 | Álbum conceptual sobre el viaje varego a Constantinopla. Incluye “To Holmgard and Beyond” y la célebre versión de “Rasputin”. |
| Stand Up and Fight | 2011 | Su disco más sinfónico y grandioso. El tema titular es uno de sus grandes himnos en vivo. |
| Turisas2013 | 2013 | Cuarto álbum de estudio, más experimental y directo. Última obra larga antes de la pausa. |
Legado e influencia
Turisas ocupan un lugar peculiar en la historia del folk metal. No fueron los primeros —Finlandia ya tenía a Finntroll, Ensiferum o Korpiklaani abriendo camino—, pero fueron de los que empujaron el subgénero hacia lo sinfónico y lo teatral con más decisión. Al bautizar su música como “battle metal” y llevarla a los grandes festivales europeos con una imagen escénica tan definida, ayudaron a instalar la idea de que el folk metal podía ser espectáculo mayúsculo y no solo fiesta de cervecería. Su versión de “Rasputin” hizo algo aún más raro: llevó a la banda más allá del círculo estricto del metal, hasta oídos que jamás habrían buscado una banda finlandesa de guerreros pintados. Esa capacidad de ser a la vez profundamente friki y sorprendentemente accesible es parte de su encanto duradero.
El hecho de que lleven en pausa desde 2022 no ha apagado su culto; más bien lo ha alimentado. En una escena tan viva como la del folk metal, la ausencia de Turisas se nota, y cada rumor de regreso enciende a una comunidad de seguidores que sigue coreando sus canciones en playlists y festivales. Cuatro álbumes bastaron para dejar una huella que muchas bandas con discografías mucho más largas envidiarían.
En México y América Latina, el folk metal encontró desde hace años un público apasionado, y Turisas se volvió una referencia dentro de ese movimiento. La combinación de épica narrativa, coros que invitan a cantar en grupo y esa estética guerrera conecta especialmente bien con el fervor de las audiencias latinoamericanas de metal, acostumbradas a vivir los conciertos como celebraciones colectivas. Temas como “Stand Up and Fight” o “To Holmgard and Beyond” funcionan igual de bien en un festival de Helsinki que en un recinto de la Ciudad de México: son himnos de tribu, hechos para levantar el puño y gritar en coro sin importar el idioma. Mientras la banda mantiene su silencio, sus discos siguen sonando, y en cada país donde el folk metal tiene raíces —y México es uno de ellos— el nombre de Turisas se pronuncia con respeto, esperando el día en que el ejército vuelva a marchar.
Por dónde empezar a escuchar
- Battle Metal
- To Holmgard and Beyond
- Rasputin
- Stand Up and Fight