Lo esencial de Ulver
- Se formó en 1993 en Oslo, Noruega; su nombre significa literalmente “lobos” en noruego (plural de ulv)
- La “Trilogía Black Metal” —Bergtatt (1995), Kveldssanger (1996) y Nattens madrigal (1997)— es una de las obras fundacionales del black metal noruego de los años noventa
- A partir de 1998 dieron un giro radical: abandonaron el metal para explorar electrónica, ambient, trip-hop, art rock y música de vanguardia sin volver a mirar atrás
- El núcleo actual lo forman Kristoffer “Garm” Rygg, Jørn H. Sværen y Daniel O’Sullivan; el histórico Tore Ylwizaker falleció el 16 de agosto de 2024
- Durante más de una década no tocaron en vivo: fueron una entidad puramente de estudio, lo que alimentó su aura de misterio y su reputación de banda de culto
- Con catorce álbumes de estudio entre 1995 y 2024, Ulver es sinónimo de reinvención constante: pocas bandas cambian de piel con tanta libertad y coherencia
Historia
Ulver nació en Oslo en 1993, en el corazón de la escena noruega de black metal que en esos mismos años estaba definiendo —a golpe de escándalo y de discos extraordinarios— una de las corrientes más influyentes de la historia del metal. El proyecto giraba en torno a la voz y la visión de Kristoffer Rygg, que se hacía llamar Garm, en referencia al perro-lobo Garmr de la mitología nórdica. Tras una demo temprana, Vargnatt (1993), la banda firmó con el sello Head Not Found y publicó Bergtatt – Et eeventyr i 5 capitler (1995), un debut que mezclaba la crudeza del black metal con pasajes acústicos, coros limpios y una atmósfera de cuento popular noruego. No era el black metal ortodoxo de la época: ya se intuía que Ulver no iba a quedarse quieto.
Lo que vino después confirmó esa inquietud. En 1996 publicaron Kveldssanger, un álbum enteramente acústico, de guitarras clásicas y voces corales, sin una sola nota de metal. Un año más tarde hicieron exactamente lo contrario: Nattens madrigal – Aatte hymne til ulven i manden (1997) es black metal en su forma más abrasiva y deliberadamente cruda, grabado con una producción hostil, con ocho himnos numerados en cifras romanas y dedicados al lobo que habita en el hombre. Juntos, estos tres discos forman la célebre “Trilogía Black Metal”: uno con instrumentos acústicos y eléctricos, otro solo acústico, otro solo eléctrico. Con ella, Ulver cerró un capítulo y, sin avisar, quemó las naves.
Porque en 1998 llegó la metamorfosis definitiva. Themes from William Blake’s The Marriage of Heaven and Hell, una ambiciosa doble obra que musicalizaba el poema de William Blake, incorporó electrónica, ritmos programados y estructuras de vanguardia. Fue el momento en que Tore Ylwizaker entró como arquitecto del nuevo sonido electrónico. A partir de ahí, cada disco fue un mundo distinto: Perdition City (2000) es un elegante ejercicio de trip-hop nocturno y jazz ambiental —“música para una película interior”—; Blood Inside (2005) es barroco y caótico; Shadows of the Sun (2007) es minimalista y desolador. En 2009, tras años de silencio escénico, Ulver por fin volvió a los escenarios, y en 2011 Wars of the Roses consolidó la incorporación del multiinstrumentista británico Daniel O’Sullivan como cuarto miembro. La banda siguió mutando con The Assassination of Julius Caesar (2017), su disco más accesible —synth-pop oscuro deudor de los ochenta—, Flowers of Evil (2020) y Liminal Animals (2024). El 19 de agosto de 2024 anunciaron la muerte de Tore Ylwizaker, ocurrida tres días antes, en su 54º cumpleaños.
Sonido y estilo
Definir el sonido de Ulver es una tarea condenada al fracaso, y eso es precisamente lo que lo hace fascinante. No hay un “sonido Ulver” fijo: hay una actitud, una manera de acercarse a la música como si fuera un territorio infinito por explorar. En sus primeros años, eso significó black metal atmosférico teñido de folk noruego, con la voz de Garm alternando entre el aullido desgarrado y el canto limpio y melancólico. Después significó electrónica de laboratorio, texturas de sintetizador, samples, ritmos rotos y arreglos orquestales. En su etapa más reciente ha significado synth-pop cinematográfico, con melodías vocales pulidas y una producción brillante que habría sido impensable para la banda que grabó Nattens madrigal.
Ulver no es una banda de metal que se cansó del metal. Es una idea sobre la música misma: la de que quedarse quieto es la única traición imperdonable.
Lo que mantiene unida esa trayectoria imposible es la voz y la sensibilidad de Kristoffer Rygg, uno de los vocalistas más versátiles de la música contemporánea, capaz de sonar demoníaco en un disco y celestial en el siguiente. También los une un gusto por lo literario y lo conceptual: cada álbum es un proyecto cerrado, con su propia lógica interna, sus referencias —Blake, la Roma antigua, Baudelaire— y su propia identidad visual. Ulver trata cada disco como una obra de arte total, no como una colección de canciones. Por eso es tan difícil recomendar “un” álbum: depende por completo de qué versión de la banda quieras conocer primero.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| Bergtatt – Et eeventyr i 5 capitler | 1995 | Debut. Black metal atmosférico con pasajes acústicos y folk noruego. Primer capítulo de la trilogía. |
| Kveldssanger | 1996 | Álbum enteramente acústico, de guitarras clásicas y coros. Sin una sola nota de metal. |
| Nattens madrigal – Aatte hymne til ulven i manden | 1997 | Black metal crudo y abrasivo. Ocho himnos numerados dedicados al lobo. Cierre de la trilogía. |
| Themes from William Blake’s The Marriage of Heaven and Hell | 1998 | Doble álbum sobre el poema de Blake. Punto de inflexión hacia la electrónica y la vanguardia. |
| Perdition City | 2000 | Trip-hop nocturno, jazz ambiental y electrónica. “Música para una película interior”. |
| Blood Inside | 2005 | Barroco, denso y caótico; una de sus obras más ambiciosas y extrañas. |
| Shadows of the Sun | 2007 | Minimalista, íntimo y desolador. Incluye una célebre versión de “Solitude” de Black Sabbath. |
| Wars of the Roses | 2011 | Primer disco con la formación de cuarteto, ya con Daniel O’Sullivan. |
| The Assassination of Julius Caesar | 2017 | Su giro más accesible: synth-pop oscuro deudor de los ochenta. Uno de sus discos más celebrados. |
| Flowers of Evil | 2020 | Continuación estilística del anterior, inspirada en parte en Baudelaire. |
| Liminal Animals | 2024 | Álbum reciente que prolonga su etapa electrónica. Último con Tore Ylwizaker en vida. |
Legado e influencia
El legado de Ulver es paradójico: es una de las bandas más respetadas surgidas del black metal noruego y, al mismo tiempo, la que más lejos se alejó de él. Para una generación de músicos, Ulver demostró que un artista puede reinventarse por completo sin perder su identidad, que las etiquetas de género son cárceles opcionales y que la coherencia no está en repetir una fórmula sino en mantener una visión. Bandas de post-metal, de metal atmosférico, de electrónica oscura y de art rock experimental beben, consciente o inconscientemente, de la libertad que Ulver normalizó. La propia trilogía de black metal sigue siendo material de estudio obligatorio para entender la escena noruega de los noventa, mientras que discos como Perdition City abrieron puertas que muchos ni sabían que existían.
En México y en Latinoamérica, Ulver ha sido durante décadas una banda de culto en el sentido más literal de la expresión. Al ser un grupo que apenas salió de gira —y que casi nunca ha llegado a la región—, su presencia se construyó sobre todo a través de los discos, de las copias que circulaban entre coleccionistas, del boca a boca en foros y tiendas especializadas, y más tarde del streaming. Muchos oyentes latinoamericanos llegaron a Ulver por la puerta del black metal, atraídos por la reputación de la trilogía, y descubrieron con sorpresa —a veces con desconcierto— el laberinto electrónico y experimental en el que la banda se había convertido. Esa mezcla de rareza, ausencia escénica y prestigio crítico hizo de Ulver una especie de secreto compartido dentro de la comunidad metalera y experimental de habla hispana: una banda que se cita con respeto reverencial, que se recomienda como prueba de buen gusto y cuya sola mención distingue a quien ha explorado el metal más allá de sus fronteras evidentes.
Al final, lo que Ulver deja no es un estilo, sino un permiso. El permiso de tomar en serio la música como un arte en constante transformación, de no deberle nada a las expectativas del público y de tratar cada obra como un fin en sí mismo. Más de treinta años después de aquella demo en Oslo, los lobos siguen cambiando de piel. Y si algo ha enseñado su historia es que nunca conviene apostar por saber cómo sonará el siguiente disco.
Por dónde empezar a escuchar
- Nattleite
- Rolling Stone
- 1969
- Nemoralia