Lo esencial de Wardruna
- Proyecto noruego fundado en Bergen en 2003 por Einar “Kvitrafn” Selvik junto a Gaahl y Lindy-Fay Hella, con un objetivo poco común: musicalizar las tradiciones nórdicas antiguas y el alfabeto rúnico
- El nombre significa algo así como “la guardiana de los secretos” o “aquella que susurra”, y define perfectamente el tono ceremonial de toda su obra
- Su sonido se construye con instrumentos históricos: tambores de marco de piel de venado, la lira kravik, cuernos de cabra, el lur, flautas, arpa de boca y hasta sonidos de árboles, piedras y agua
- La trilogía Runaljod (2009–2016) dedica su música a los 24 runas del futhark antiguo; discos posteriores como Kvitravn (2021) y Birna (2025) exploran el animismo, los espíritus y la naturaleza
- Einar Selvik y Gaahl llegaron desde la escena del black metal noruego (Gaahl fue vocalista de Gorgoroth), pero Wardruna no es metal: es folk ritual, oscuro y profundamente atmosférico
- Su música alcanzó a millones gracias a la serie Vikings y al videojuego Assassin’s Creed Valhalla, convirtiéndola en la puerta de entrada al folk pagano para una generación entera
Historia
En 2003, en la lluviosa ciudad de Bergen —cuna del black metal noruego más extremo—, el músico Einar Selvik decidió tomar un camino radicalmente distinto. Selvik, que había tocado la batería bajo el nombre de Kvitrafn en la escena black metal de su país, quería explorar las tradiciones espirituales y musicales de la vieja Escandinavia sin la coraza del metal. Fundó Wardruna junto a Kristian “Gaahl” Espedal —entonces vocalista de Gorgoroth— y a la cantante Lindy-Fay Hella. La idea era ambiciosa y casi académica: crear música a partir de las runas, los mitos nórdicos y los instrumentos que sonaban en esas tierras siglos antes de que existiera la guitarra eléctrica.
El primer fruto tardó seis años en llegar. Runaljod – gap var Ginnunga (2009) abrió una trilogía monumental dedicada a los 24 caracteres del futhark antiguo, el alfabeto rúnico proto-nórdico. Cada canción tomaba una runa como punto de partida y le construía un paisaje sonoro propio, grabado muchas veces al aire libre, con instrumentos históricos y en lugares con carga simbólica. Runaljod – Yggdrasil (2013) y Runaljod – Ragnarok (2016) completaron el ciclo y consolidaron a Wardruna como algo sin precedentes: ni metal, ni folk convencional, ni new age, sino una ceremonia sonora que parecía venir de otro tiempo.
En 2015, Gaahl dejó el proyecto en buenos términos y Einar Selvik quedó como la fuerza creativa central, con Lindy-Fay Hella como su contraparte vocal constante. Lejos de debilitar a la banda, ese cambio la afinó. Vinieron Skald (2018), un disco despojado donde Selvik reinterpreta parte de su repertorio solo con voz y lira; Kvitravn (“cuervo blanco”, 2021), quizá su obra más rica y ambiciosa; y Birna (“la osa” en nórdico antiguo, 2025), dedicada al oso pardo como guardián del bosque y de la naturaleza. Wardruna sigue activa, girando por el mundo y llenando recintos que hace veinte años habrían parecido impensables para un proyecto de música rúnica.
Sonido y estilo
Lo primero que hay que entender de Wardruna es que aquí casi nada suena “moderno”. Selvik construye su música con instrumentos reconstruidos a partir de hallazgos arqueológicos y fuentes históricas: tambores de marco forrados con piel de venado, la kraviklyra (una lira noruega antigua), el tagelharpa o arpa de crin, cuernos de cabra, el lur, flautas de hueso y madera, arpa de boca y percusiones diversas. A eso suma sonidos de la naturaleza —viento, agua, fuego, árboles, piedras— tratados como si fueran otro instrumento más. El resultado es una textura orgánica, terrosa, que respira.
Sobre esa base descansan las voces, y ahí está la otra mitad del hechizo. La voz grave, cavernosa y a veces gutural de Selvik dialoga con el canto agudo, casi élfico, de Lindy-Fay Hella. Entre los dos crean una tensión entre lo masculino y lo femenino, lo terrenal y lo etéreo, que atraviesa toda la discografía. Las letras están en nórdico antiguo, noruego y proto-nórdico, y muchas veces recurren al galdr —una forma de canto ritual escandinava— y a técnicas vocales que evocan trance más que espectáculo.
Wardruna no toca música sobre los dioses nórdicos: construye el espacio ritual donde esos dioses podrían aparecer. Cuando termina una canción, uno no aplaude de inmediato, porque siente que interrumpiría algo.
La estructura de sus temas rara vez sigue el formato pop de estrofa y coro. Las canciones crecen por acumulación, como un rezo que sube de intensidad hasta volverse abrumador, o se sostienen en un drone hipnótico durante minutos. “Helvegen”, su tema más querido, narra el viaje al más allá y desemboca en un coro fúnebre estremecedor; “Fehu” abre Kvitravn con una marcha percusiva imponente; “Voluspá” recita la profecía de la vidente del mito nórdico. Nada de esto es casual: Selvik es también un divulgador serio de la cultura escandinava antigua, y su música funciona como puente entre la investigación histórica y la emoción pura.
Discografía
| Álbum | Año | Notas |
|---|---|---|
| Runaljod – gap var Ginnunga | 2009 | Debut y primera entrega de la trilogía rúnica. Establece la fórmula: una runa, un paisaje sonoro. |
| Runaljod – Yggdrasil | 2013 | Segunda parte, más expansiva. Consolida el reconocimiento internacional de la banda. |
| Runaljod – Ragnarok | 2016 | Cierre de la trilogía. Incluye “Helvegen”, su tema más emblemático y viral. |
| Skald | 2018 | Disco íntimo y despojado: Einar Selvik solo, con voz y lira, reinterpretando su repertorio. |
| Kvitravn | 2021 | “Cuervo blanco”. Su obra más rica: animismo, brujería y espíritus animales. “Fehu”, “Kvitravn”. |
| Birna | 2025 | “La osa”. Homenaje al oso pardo como guardián del bosque y de la naturaleza. |
Legado e influencia
El impacto de Wardruna desborda por mucho el nicho de la música pagana. En 2014, Einar Selvik empezó a colaborar con el compositor Trevor Morris en la banda sonora de la serie Vikings, donde además apareció como actor. Esa exposición llevó su sonido a millones de personas que jamás habían oído hablar de las runas ni del futhark. Años después, Selvik participó en la música de Assassin’s Creed Valhalla (2020), uno de los videojuegos más populares del mundo, ampliando aún más su alcance. De golpe, la música rúnica dejó de ser un secreto de coleccionistas para volverse un fenómeno de cultura pop.
Ese doble éxito abrió la puerta a toda una ola de proyectos de folk nórdico y “música vikinga” —Heilung, Danheim, Skáld y muchos más— que encontraron público gracias al camino que Wardruna trazó primero. Lo notable es que Selvik nunca cedió a la tentación de convertir su obra en un cliché de casco con cuernos: mantuvo el rigor histórico, el respeto por las fuentes y una seriedad artística que le ganó el aprecio incluso de músicos ajenos al género. Wardruna demostró que se podía llegar a estadios enteros sin traicionar una visión profundamente personal y culta.
En México y en toda Latinoamérica, Wardruna encontró un terreno sorprendentemente fértil. La región tiene una base sólida de aficionados al folk, al pagan y al black metal atmosférico, y la llegada de Vikings y Assassin’s Creed Valhalla multiplicó por miles a los oyentes hispanohablantes. Los metaleros mexicanos, acostumbrados a conectar la música con la identidad, la raíz y lo ancestral, entendieron enseguida lo que Wardruna proponía: mirar hacia atrás, hacia las tradiciones propias, como fuente de fuerza. Por eso sus giras por el continente —que han incluido escenarios en la Ciudad de México— se sienten menos como conciertos y más como ceremonias colectivas, con un público que canta en nórdico antiguo letras cuyo idioma no domina, pero cuyo espíritu comprende perfectamente.
Más de dos décadas después de aquellos primeros experimentos en Bergen, Wardruna sigue siendo la referencia absoluta de su género. No inventó la fascinación por lo nórdico, pero sí encontró la manera de convertirla en música viva, honesta y poderosa. En un mundo saturado de ruido, su apuesta por el silencio, el trance y la memoria resulta casi revolucionaria: la prueba de que a veces el camino más nuevo consiste en recuperar lo más antiguo.
Por dónde empezar a escuchar
- Helvegen
- Fehu
- Kvitravn
- Voluspá